Trauma

Trauma

Del gr. τραῦμα traûma ‘herida’.

1. m. Choque emocional que produce un daño duradero en el inconsciente.

2. m. Emoción o impresión negativa, fuerte y duradera.

Diccionario de la lengua española.

Lo traumático de una experiencia no está tan relacionado con el hecho en sí, como con nuestra interpretación de los hechos. En la interpretación interviene nuestro sistema de creencias y valores. Éstos a su vez, actúan sobre nuestras emociones y desde allí intentamos dar respuesta.

Si pasamos por una experiencia traumática con un alto impacto emocional, lo más probable es que ese impacto se vea reflejado en nuestro cuerpo. El centro energético próximo a esa zona se cerrará a modo de defensa o se debilitará. El impacto de la intensidad emocional involucrado puede generar un corte energético que disminuye nuestra vitalidad.

Para poder absorber y asimilar las experiencias de la vida o que nosotros mismos nos provocamos, necesitamos un tiempo de adaptación. Esto supone una transformación interna. Cuanto más rígidos seamos y más inflexible sea nuestro punto de vista, más difícil será esa adaptación.

A mayor resistencia, mayor sufrimiento. Por eso cada experiencia traumática es una oportunidad para revisar nuestras creencias sobre nosotros mismos, los otros, la vida en su totalidad y como nos relacionamos con ella.

La vejez

Vivimos en una sociedad muy hedonista y narcisista, en la que envejecer es vivido como una enfermedad. Tenemos que conservar la juventud a cualquier precio y esto es aveces, muy caro. No solo por alto precio de los productos anti-aging, sino porque como individuos nos privamos de una etapa muy importante. En muchas tradiciones la vejez es muy valorada, ya que es un tiempo para privilegiar el desarrollo espiritual y el contacto con lo trascendente.

Para entonces se supone que ya hemos cumplido con nuestras responsabilidades familiares y económicas. Ya es tiempo de estudio, meditación y reflexión. Es tiempo de abrirnos a las grandes preguntas y ensayar agunas respuestas, de prepararnos para la muerte, de explorar el gran misterio.

La sabiduría de aquel que vivió, experimentó, y luego interiorizó y reflexionó, de aquel que vio y sabe, de aquel que puede abrazar mayores porciones de la realidad porque aprendió, es lo que permite aceptar lo que «es».

La conciencia de hechos internos y externos nos recuerdan la realidad. Contemplar la realidad y lo cotidiano, y alimentar nuestra interioridad, yendo hacia adentro, porque cada momento de la existencia es único e irrepetible.

Los ancianos son las guardianas del conocimiento para las próximas generaciones, nos hablan de desafíos que debemos enfrentar para la cotidianeidad y de las distintas posibilidades de respuesta que los seres humanos hemos ensayado. Nos cuentan de la vida en el planeta en su complejidad y de su belleza, que no excluye el dolor, la tristeza y la destrucción.

Envejecer no es garantía de sabiduría, pero es una posibilidad que cuando ocurre, es una bendición para toda la comunidad.